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Trabajos de subjetivación en torno a la última dictadura

Herramientas conceptuales para el pensamiento y la acción


ENCLAVES AC inaugura con esta publicación la colección “Salud Mental y Derechos Humanos: Herramientas conceptuales para el pensamiento y la acción”, con el propósito de dar a conocer abordajes innovadores, producidos por un amplio conjunto de profesionales, intelectuales y militantes, que tienen la potencia para estimular las prácticas en salud mental y derechos humanos.

Este primer volumen está dedicado a indagar los trabajos de subjetivación necesarios para estudiar, individual y colectivamente, la experiencia y la memoria de la última dictadura militar. Los textos aquí reunidos permiten vislumbrar que los acontecimientos vividos se resisten a ser incluidos en un capítulo cerrado de la historia. Por ende, problematizar este pasado aún presente no constituye únicamente un interés intelectual, sino que representa también una apuesta política en el marco de un presente caracterizado por la pérdida de derechos y por la precarización de la vida de gran parte de nuestra población.

En suma, emprendemos esta colección para que en tiempos de resistencia el pensamiento y la acción sean dos términos capaces de potenciarse y de contribuir a un futuro más justo y alentador.


Julieta Calmels y Luis Sanfelippo (compiladores)

Julieta Calmels es psicóloga, psicoanalista. Es directora de la Asociación Civil “ENCLAVES: Salud Mental y Derechos Humanos” y ex directora del Centro de Asistencia a Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos“Dr. Fernando Ulloa” (Secretaría de Derechos Humanos de la Nación). También dirige la Diplomatura en Salud Mental y Derechos Humanos (UNPaz. Enclaves. FEDUBA). Además, se desempeñó como asesora en la Cámara de Diputados de la Nación y actualmente en el Senado de la Nación. Junto con Sebastián Holc, coeditó Experiencias en salud mental y derechos humanos: aportes desde la política pública(Secretaría de DD.HH. de la Nación) y otros libros y artículos sobre derechos e infancia. Es también supervisora en el Ministerio Público Fiscal (DOVIC).

Luis Sanfelippo es psicoanalista y doctor en psicología, además de docente e investigador de la Cát. I de Historia de la Psicología (UBA) desde 2001. Se ha especializado en temas vinculados con el psicoanálisis, la historia de las disciplinas “psi” y la historia del pasado reciente. Es autor del libro TRAUMA. Un estudio histórico en torno a S. Freud (2018). Ha dictado seminarios de posgrado en diferentes ámbitos académicos (UNR, UNLP, UNPaz, IUSAM) y hospitalarios. En la Biblioteca Nacional, oficia de coordinador del Centro Argentino de Historia “Psi”. En el ámbito clínico, es coordinador del Equipo de Adolescencia I y coordinador de residentes del HospitalÁlvarez. Es ex miembro del Equipo de Salud Mental y DD.HH. del mismo hospital, además de supervisor clínico de numerosas instituciones hospitalarias.

Las condiciones de recepción de la obra de Jorge Alemán en Argentina: Psicoanálisis y Política


Hace un tiempo que el discurso de Jorge Alemán fue configurando las coordenadas que permiten pensarlo en torno a la figura de una "obra".  Una obra que tiene la característica particular de ser abierta, viva y profundamente heterogénea en formatos, campos de enunciación y ámbitos donde circula.


El trabajo que presentamos se propone pensar algo inseparable a una obra o hecho de discurso; es decir las condiciones de recepción, de acogida, de interpretación y de usos de dicha obra en la Argentina, desde la mirada particular de quien escribe.


Estas condiciones de recepción en esta región -que algunos han llamado el "culo del mundo" y otros han denominado como "un país excéntrico"- importan en mucho para hacer de la obra de JA una lanza capaz de tocar fibras muy íntimas de los asuntos argentinos y, a la vez, hacerlo de un modo que permita enunciar problemas inquietantes hasta entonces no formulados como tales.

LAS CONDICIONES DE RECEPCIÓN: PSICOANÁLISIS - POLÍTICA
Podemos decir que, pasada la década del 70 en la Argentina, "Psicoanálisis y Política" fueron dos términos que progresivamente se fueron crispado en un diálogo posible. Se enunciaron y se habitaron en sus prácticas como abyectos uno del otro. La política identificaba, si lo hacía, a los psicoanalistas como profesionales más bien liberales dedicados a pensar asuntos de la vida privada e individual; mientras que los psicoanalistas veían en la política un elemento más en la serie de los significantes amos, de las repeticiones, de la alienación del sujeto sin suponerle ninguna capacidad de torsión, de alteración de las lógicas del Discurso Capitalista. En definitiva, sin capacidad de tocar nada que concierna al sujeto. Eran dos discursos en paralelo que con suerte se desconocían y -con menos suerte- se repelían unos a los otros.

 

La política dominante en la Argentina, pasados los años 70 y hasta la década del 2000 (con profundas excepciones como los organismos de ddhh si pueden incluirse en esta categoría y algunas expresiones de la democracia naciente), estuvo signada por lo que puede identificarse con la “gestión/la administración de la política”, como aquel subsistema de la realidad del que se ocupan “los políticos”. Y no, con lo que en el discurso de J. Alemán reconoce como lo político, determinado por las lógicas emancipatorias.

Si bien los memorables sucesos del año 2001 fueron acontecimientos imborrables en la historia argentina - que algunos analizarán como antecedentes del kirchnerismo-, estos no lograron instalar lo político como campo de construcción de nuevas hegemonías. Más bien su capacidad estuvo en mostrar el agotamiento de “la política” como forma de gestión de lo dado dejando al descubierto el abismo existente entre el pueblo y la clase política que pretendía representarlo. Pero de esa experiencia no logró surgir una Voluntad colectiva capaz de fundar un nuevo tiempo para la argentina, de instituir nuevos significantes que articulen ese enorme y heterogéneo colectivo e hicieran de su vacío constitutivo algo más que el nombre de la “anti-política”. No se logró, en última instancia, que esa potencia instituyente instituyera una nueva fuerza.

 

El clima intelectual por otra parte, desde hacía un tiempo comenzaba a recibir autores que como M. Foucault, C. Castoriadis, A. Badiou, T.Negri, Zizek y el mismo E. Laclau fueron estudiados con entusiasmo por aquellos que, desde campo político como desde el psicoanalítico, tenían genuinas preocupaciones acerca del curso del capitalismo. Pero estas teorías no encontraban aún un clima propicio para que un pensamiento político abriera preguntas fecundas dentro del psicoanálisis, que en muchos casos las usaba como barniz intelectual para pensar aspectos de la subjetividad sin indagar sobre el sujeto y el lugar del psicoanálisis en un mundo donde el capital avanzaba agudizando su lógica aceleradamente. 

 

En lo que hace al estado del Psicoanálisis dominante en Argentina[1], en el período que va entre las décadas del 1980 y el 2010 estuvo dominado a grandes rasgos por una particular aversión al campo de la política. Aversión contraria a la propia historia del psicoanálisis argentino que desde su fundación hasta su despliegue inicial estuvo signado por una valoración de los procesos políticos, de los cuales además fueron protagonistas muchos psicoanalistas, algunos de los cuales han desaparecido o se han exiliado como es el caso, sin más, de JA. Pero luego de la última dictadura militar esta relación se fue rompiendo de manera aguda y estrepitosa. Si bien existen notables y numerosas expresiones y figuras del psicoanálisis argentino que sortearon este destino dejado marcas sustanciales, estas han sido excepcionales a lo que se fue instalando -lenta pero persistentemente- como una norma en los ámbitos centrales de formación de los psicoanalistas: las principales escuelas y la universidad de buenos aires.

La política pasó a ser para el canon psicoanalítico ese campo denostado de prácticas de alienación, ese suburbio oscuro, ignorante y sin pensamiento, ese puro escenario donde nada fecundo crece y donde nada genuinamente se transforma. El campo de las masas e ideales, la pura repetición imaginaria, sin fuerza de subversión ni capacidad simbólica de nominación ni potencia para producir significantes capaces de representar algo diferente que lo dado.

Se tensaba a su vez,  toda relación profunda y compleja del psicoanálisis como discurso capaz de dialogar con otros discursos y de mostrarse realmente implicado en el destino de lo humano en un mundo cada vez más complejo, más devastador y más mutante hacia formas del capital, como dice JA, formas “des-historizantes y desimbolizantes.” De nada sirvió que este sector que dominó el psicoanálisis tuviera formación relativa al Discurso Capitalista, pues nada de ello hizo que esos conceptos se abrieran a pensar la realidad argentina, sus formaciones de poder y las experiencias capaces, no de frenar -ilusión a la que ya renunciamos- , sino de alterar, interrumpir el decurso circular del neoliberalismo por medio de otras lógicas y otros lazos. Era la era del cinismo lúcido o el escepticismo ilustrado.

Mientras este clima “intelectual” regía, quienes gestionaban la política del psicoanálisis, no dudaron en generar, al menos en la universidad de bs as, las alianzas más penosas con grupos políticos sabidamente corruptos, inescrupulosos que permitieron su ascenso a los mayores ámbitos de poder en la UBA exactamente bajo las mismas formas políticas que se denostaban. Muchos analistas, no identificados con ello, fueron expulsados, relegados o marginados. Otros se retiraron a las trincheras (intelectuales, políticas, clínicas) que les permitieron seguir ejerciendo su posición, su pensamiento y su acción. Otros aún sobreviven al interior de las instituciones con duras batallas en esta historia.

 

El lema de “La defensa del psicoanálisis” fue construyendo imaginariamente una equivalencia entre los grupos dominantes y el psicoanálisis en sí, como si unos fueran lo otro. Ello llevó a que cualquier debate sea leído como ataque al psicoanálisis y que todo corrimiento de los centros de poder del psicoanálisis sea leído como un abandono del psicoanálisis. Esas capturas, esa lógica de “dominio’  que tan bien diferencia JA de las lógicas de la “hegemonía” (retomando la teoría de  Laclau) y que tan poco tiene que ver con la voluntad de Lacan respecto de la Escuela, se caracterizó por obturar un vacío, haciendo consistir diversas formas de la identificación a los significantes amos al interior de los ámbitos que mencionamos: obediencia, sumisión, persecución, amedrentamiento, temor, etc. es lo q estuvo en juego por aquel entonces a quién se atrevía a discutir la consistencia de un saber y el ejercicio de un poder que lograba justamente su consistencia velando la dimensión política de toda institución. Y son esos mismos rasgos, ya entrados en la segunda década de este siglo, los que se desplegaron contra la obra de JA y sobre su persona en la medida que JA jugó una diferencia sustancial: pensar justamente aquello que estaba excluido (la relación del sujeto con lo político); pensar aquello que en tanto excluido daba la consistencia necesaria para el ejercicio de un poder y el sostenimiento de un discurso.

 

Esta historia se interrumpe por un lado y se continúa por otro con la llegada de los gobiernos Kirchneristas y la transformación simbólica y material que implicó en la vida de nuestro pueblo, en las instituciones y en los legados históricos con que se piensa una sociedad y se proyecta hacia el futuro. La irrupción K, se dio en paralelo al surgimiento de otras experiencias latinoamericanas configurando con el tiempo lo que JA denomina populismos de izquierda, o como nos insiste en sus últimos trabajos “populismo” a secas, ya que no podrían pensarse bajo este término las formaciones de derecha. La conmoción de esta experiencia política pateó el tablero de las formas con que la política se venía pensando y ejerciendo, recuperando el sentido profundo de la noción de pueblo en nuestra tradición, así como la de soberanía e independencia por medio de una verdadera disputa con los poderes dominantes, antagonizando con ellos y construyendo otras formaciones de poder donde los derechos humanos y la igualdad fueron el parámetro ético y simbólico para la construcción de una nueva hegemonía en la Argentina.

 

Esta fuerza emergente de lo político, contribuyó a generar nuevas condiciones para pensar un diálogo entre Psicoanálisis y Política, pero que por sí misma no alcanzó para relanzar ese diálogo. Fue la particular producción conceptual de JA, junto con la posición decidida de salir a un debate público con el deseo de refundar la izquierda, la que permitió producir un diálogo entre psicoanálisis y política en un terreno tan abismado en sus articulaciones, tan extranjero entre sí, tan poco investido recíprocamente, respecto de conceptos, inquietudes, afectividades, prácticas, entornos, léxicos, destinatarios. ¿Cómo JA logra hablar una lengua capaz de hacer hablar a interlocutores que en la historia reciente se habían desconocido tanto unos a los otros? ¿Cómo se construye un pensamiento capaz de volverse un pensamiento que quiera ser pensado por unos y por otros?

 

LA PIEZA QUE NO ENCAJA

Al indagar en los textos de JA acerca de la relación Psicoanálisis y Política él mismo formula de entrada que se trata de “una relación que no encaja”, “que está siempre bajo la dislocación temporal de un forzamiento, un “demasiado temprano” o un “es demasiado tarde” y que “no hay forma de encontrar una relación psicoanálisis-política estable” aunque “ ha sido muy fecundo volver sobre ello y esta ha sido mi apuesta en los últimos años”[2]

Al mismo tiempo rastrea como el psicoanálisis pensó y habitó esta relación a lo largo del tiempo, identificando que el escepticismo acerca de lo político tiene -al menos en sus orígenes- una relación con las particularidades del periodo histórico donde surge el psicoanálisis. Un periodo del capitalismo donde los semblantes tenían consistencia y donde reinaban los significantes amos. Pero la transformación del capitalismo, su mutación histórica hacia el neoliberalismo actual, produjo un nuevo orden de cosas donde justamente esos semblantes que sostenían la vida social “están siendo pulverizados” o -como él nos recuerda que decía Marx- “todo lo sólido se desvanece en el aire”. Una época donde en palabras de JA, la destrucción del vínculo social le gana de mano a la subversión del sujeto. Y dónde por ello mismo la propia “fractura/subversión de la experiencia analítica está  forcluida, desmentida dice Lacan por el propio discurso capitalista[3]“. “El Neoliberalismo es la primera fuerza histórica que se propone tocar, alterar, y volver a producir al sujeto, intentando eliminar así su propia constitución simbólica”[4]

 

Entonces, la pregunta que surge es ¿habiendo cambiado esas condiciones de producción y reproducción del capital, habiendo cambiado por ello las formaciones sociales que históricamente eran estables y hoy se pulverizan introduciendo en el corazón de la subjetividad el propio malestar de época y... más profundo aún apuntan a alterar el lugar de advenimiento del sujeto en el campo del lenguaje[5]  ¿que  puede pensar el psicoanálisis para que el “crimen no sea perfecto”?. Nos preguntamos...si el psicoanálisis argentino se ha dado el lugar de pensar en profundidad los cambios acontecidos y el lugar que en torno a ello tiene el sujeto y el psicoanálisis como discurso acerca del sujeto?.

Si bien pareciera que estas reflexiones circulan en las escuelas y la universidad (por medio de reflexiones acerca del Discurso Capitalista, del plus de goces, de la pérdida de consistencia del  nombre del padre, de la ferocidad del super yo, etc.)  consideramos que, a su vez, y (quizá por el divorcio y menosprecio del campo político y por la particular pérdida de relación del psicoanálisis con otros discursos) estos aspectos quedan enunciados muchas veces como parte de un lenguaje en soliloquio. Un discurso donde no pesan las consecuencias de estos enunciados, donde no se abren preguntas genuinas respecto del grave problema que pareciera vislumbrarse. No retornan como preguntas sobre cuáles son las formaciones de poder/políticas que profundizan las lógicas del capital y cuáles, por el contrario, hacen de impasse. Cuáles son formas políticas permiten el despliegue de las “verdaderas diferencias” (aquellas relativas a un sujeto subvertido) y cuales las obturan haciendo proliferar ese “insulto a la diferencia” que constituyen las diferencias de clase, de etnia, de género, etc por medio de procesos de segregación y no de diferenciación.

 

Vemos en los textos de JA, que también arriba a otras interpretaciones sobre este divorcio entre psicoanálisis y política ligadas fundamentalmente a lo que Jorge llama “las malas noticias” que el psicoanálisis trae a la política en la medida que “los llamados fundamentos de la izquierda quedan perforados en su suelo ontológico más seguro cuando se confrontan con la lógica del discurso analítico …tal vez sean este tipo de razones las que han provocado que muchos lacanianos se hayan apartado de los caminos trazados por la izquierda… y se sigue preguntando por qué a pesar de ello volvemos a pensar lo común, en vez de permanecer en la indagación  de la Soledad del sujeto?. Su respuesta es contundente: dice “porque se puede seguir siendo de izquierda, no a pesar de las enseñanzas de Lacan, sino por las derivas que esta enseñanza puede proponer para un pensamiento de la emancipación posmetafísica” [6]”y continúa con una de las afirmaciones quizá más sintéticas y contundentes de su obra: “A partir de la enseñanza de Lacan “están dadas todas las condiciones lógicas, topológicas y retóricas para dar cuenta sobre como la existencia hablante, sexuada y mortal es en su propia constitución un hecho político susceptible de ser inscripto en una voluntad de transformación” [7]


EL APORTE A LA POLÍTICA: LO IRREDUCTIBLE DEL SUJETO

Pensamos que existe un concepto clave en la obra de JA para pensar un diálogo entre Psicoanálisis y Política: Nos referimos a SOLEDAD: COMÚN. Ese extraño artefacto conceptual tan difícil de asir, que se une y se desune. Esa paradoja extraña que vive en nosotros. Ese punto donde se evidencia en el acto intelectual un diálogo fecundo  entre Psicoanálisis y Política,, exactamente en el punto de su des-fundamentación.

 

Soledad: Común no cabalga sobre términos antinómicos, sino términos que se tensan para extraer de esa tensión una claridad que inquieta y permite comprender cómo sería esa apuesta de JA de “llevar lacan a la izquierda”. Llevar al campo de la política emancipatoria la fuerza del sujeto escindido. Pero hacerlo no desde la Soledad singular del sujeto, terreno más conocido; sino hacerlo desde El común, Un común que a diferencia de la “masa basada en las propiedades positivas de las identificaciones” está hecho con lo que “no hay”[8], con lo que en común no tenemos; y por sobre todo con lo que podemos hacer  juntos con eso que no tenemos. Por eso Jorge señala que “la hegemonía se construye con el sujeto y no con la subjetividad” con la heterogeneidad y no con la homogeneidad (p.115) y que por eso mismo”la hegemonía no es dominación”[9].

 

El concepto de Soledad: Común debe leerse junto al infatigable trabajo de Jorge por diferenciar el sujeto y la subjetividad, devolviendo su potencia a cada uno de los términos y despejando la noción de sujeto sin por ello quitarle su potencia política. Digamos que rescata al sujeto de dos derivas posibles: ser olvidado por lo político por el empuje del “para todos”; o ser reducido a lo individual uno x uno en un enfoque equívoco sobre la singularidad que devela nuevamente esta singular resistencia a pensar lo común en el psicoanálisis dominante.

 

Y es muy importante que esta apuesta la haya hecho un Psicoanalista, porque hasta el momento quienes “llevaron el psicoanálisis a la izquierda” fueron fundamentalmente no psicoanalistas (Zizek, Laclau, Badiou, etc.). Y esto creo ha incomodado, porque JA al ser un psicoanalista no retira los pies del suelo que le es propio: el discurso y los ámbitos psicoanalíticos. Habla digamos desde el interior del psicoanálisis y les habla también a los psicoanalistas.

 

LAS CONSECUENCIAS

Entendemos que de la obra de JA se desprenden, al menos, siete consecuencias.


1. Primero, que el diálogo PyP es posible y fructífero tanto para el psicoanálisis como para la política y que puede darse sin diluir ninguno de sus términos, ni ninguna de sus autonomías

 

2. Segundo, que el discurso de JA fue celebrado y recibido por referentes del campo político a quienes ha conmovido intelectualmente permitiendo pensar al sujeto y a la subjetividad como dimensiones que, si bien no son propias de la política, hace a sus condiciones de supervivencia en un mundo que ha tomado un giro inesperado imposible de comprender sin un análisis acerca de las capturas de la subjetividad por las lógicas del capital.

 

3. Tercero, que la obra de JA no ha tenido el mismo clima de recepción entre quienes dominan el campo psicoanalítico argentino.  donde, con el correr del tiempo y de la profundización y circulación de sus producciones intelectuales y de su puesta en debate público fue generando una suerte de repulsa de su obra que evidencia hasta qué punto su pensamiento toca esa fibra sensible y silenciosa a través de la cual el cierto psicoanálisis en Argentina había logrado expulsar a la política de su seno, haciendo de ello el núcleo fuerte de su dominio.

 

4. Cuarto, que el psicoanálisis dominante en argentina a pesar de sostenerse en un semblante a- político, ascético y prescindente tiene una visión del mundo que es ideológica y donde se ponen en juego no solo miradas personales de los psicoanalistas sino también posiciones de las instituciones (universidad y escuelas) como ha quedado expresado en las variadas declaraciones sobre la situación de Venezuela, las hechas por JAM sobre Perón, y otras más recientes de ciertos grupos “progresistas” sobre Bolsonaro. Todo ello ante el silencio estrepitoso y cómplice sobre la devastación de nuestra Nación (simbólica, material e institucional) en manos del gobierno de Cambiemos. Un silencio ruidoso que pone en evidencia una mirada política del mundo, que por primera vez (caídos los velos), muestra a cielo abierto las posiciones ideológica  en juego.

 

 

5. Quinto, que por fuera de los centros que dominan el discurso del psicoanálisis argentino (y también por dentro) habitan miles de psicoanalistas que constituyen una fuerza que no ha renunciado a su mejor tradición y que en el discurso de JA encuentra un estímulo intelectual y ético para legitimar que en Argentina es posible y necesario un diálogo entre psicoanálisis y política.


6. Sexto, que el pensamiento de JA, además de su maravillosa gesta intelectual, logró calar tan hondo en la argentina porque ha sabido caminar por esa cornisa entre dos suelos que se habían desestimado, mostrando en su andar teórico que dicha distancia no responde ni a un límite teórico del psicoanálisis ni a una debilidad de lo político. Por el contrario, a partir de la obra de JA el psicoanálisis tiene la oportunidad de vencer en argentina quizá una de sus peores taras y lo político ha ganado quizá uno de sus mejores aliados.

 

7. Séptimo, y por último, que se desprende como consecuencia de la obra de JA un sentimiento de gratitud,  porque ha a partir de sus textos ha permitido que el psicoanálisis vuelva a ser un discurso abierto a las grandes preguntas sobre el destino de la humanidad, re-vivificado sus debates internos.

 

Entendemos que uno de los mayores obstáculos para el futuro del propio psicoanálisis está entre quienes lo dominan porque lo han vuelto un discurso cerrado sobre sí mismo, generando que gran parte de las nuevas generaciones escojan otras teorías y otras prácticas, que muchos jóvenes en formación vean en el psicoanálisis un discurso propio de otro tiempo histórico, sin sensibilidad a los asuntos de la vida pública, a sus grandes debates, sin apertura ni diálogo con otros discursos. No es solamente por la indiscutible injerencia del discurso capitalista que logran adherencia otras teorías que engordan el yo (las neurociencias, los discursos de autoayuda, etc.); sino que hay que reconocer que es también por el propio estado del psicoanálisis dominante (Insistimos, estamos hablando del discurso que se produce desde los centros de poder actual del psicoanálisis y no de los psicoanalistas que hacen cosas muy distintas).

 

Esa repulsa a pensar los asuntos de la vida pública, esa negativa a sentir el dolor del pueblo y palpitar un deseo de transformación de las formas de segregación, esa fachada encriptada en lenguajes que no hablan con nadie, es falta de lecturas y de formación teórica de todo aquello que no esté referenciado por los maestros de origen. Todo eso me atrevo a imaginar, que a partir de la obra de JA -y de la particular historia reciente de la argentina-, quizá tengo otro devenir posible que reinstale al psicoanálisis argentino en el centro de los orgullos nacionales y que permita también dentro del psicoanálisis otras lógicas que hagan reinar en su seno la verdadera diferencia y no su anulación.

 

Vuelvo a decir somos miles los psicoanalistas argentinos que deseamos y peleamos por otro devenir para el psicoanálisis y entendemos que en este país excéntrico tenemos las mejores condiciones para que esto pueda suceder. Gracias nuevamente JA por atreverte a pensar sin descanso quizá el tema más complejo y necesario para el psicoanálisis hoy, en un mundo que va a necesitar de él.

 

TEXTO POR JULIETA CALMELS

 
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[1] Nos referimos al Psicoanálisis dominante y no a los psicoanalistas, ni al Psicoanálisis.

[2] Horizontes Neoliberales en la Subjetividad. Pág.110.

[3]  Horizontes Neoliberales en la Subjetividad. Pág. 111

[4]  Horizontes Neoliberales en la Subjetividad. Pág.22

[5] Horizontes Neoliberales en la Subjetividad.Pág. 15

[6] Soledad Común. Pág. 41

[7] Soledad Común.  Pág. 47

[8]No hay relación sexual, no hay metalenguaje, y no hay universal que no se sostenga de una excepción. Horizontes neoliberales en la subjetividad. Pág. 168

[9]Del desencanto al populismo. P. 122.